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Ser papá y abrazar

Mi papá es de pocos abrazos, el papá de mi papá también. Mi papá me cuenta que su papá era un hombre muy sabio y caritativo, el boticario de Abejorral. Que también vendía paletas y le fiaba a todos en la tienda. Que no recuerda momentos de ternura con el abuelito Samuel, tampoco con su mamá, mi abuelita Silvia. De ella si me acuerdo más, una mujer muy seria y brava que me cosía los vestidos más pomposos que haya visto en la vida.

Mi abuelo Samuel conmigo si era tierno. Lo recuerdo fuerte, grande y alto jugando a corretiarme por el corredor de su casa. Conservo una foto en mi escritorio de él y yo, ambos con una sonrisa gigante mirándonos como si fuéramos compinches de toda la vida. 

Hace poco, en una sesión de terapia, vi que mi abuelo no sabía cómo hablarle a mi papá, y la única manera que encontraba era gritando, mi papá era un niño y estaba con los hombros agachados sin poderse levantar. Yo aparecí en escena y puse un Abrazador entre ambos. 

Una amiga, que está ahora en las estrellas, me dijo que yo había diseñado el Abrazador, porque era la primera que necesitaba. Un amigo me escuchó hace poco en una charla y me dijo que el novio no era el origen real del Abrazador… que porque no contaba el verdadero origen, que ya lo sabía. 

El primer muñeco lo inventé porque haciendo la especialización en Argentina dejé un amor y le mande a lentejita, el primer Abrazador. Era de tela de rayas y tenía bordado en la espalda una frase: “Un abrazo, estés donde estés”  Luego mi hermano se fue para Australia y me pidió hacerle uno, luego mi prima para Filadelfia.. .Mi tia se separó y me pidió uno porque iba a dormir sola. Años después, trabajando como profe investigadora me leí un artículo científico que hablaba de cómo el afecto mejora las condiciones de niños con cáncer, y solo hasta ese momento lo vi como un proyecto. 

Necesité un artículo científico para “darle valor real” a un objeto que había nacido de mi necesidad afectiva y se había manifestado a partir de un amor de lejos. Ahora hay 30,000 pedacitos de trapo en forma de abrazo que hablan de poner el corazón por delante y recuerdan la fuerza de abrazar.  En ese momento de terapia con Clara Cadavid, logre llevar un Abrazador a la tristeza que le dio vida. A su verdadero origen. 

Mi papá es de pocos abrazos, aunque me dejaba cartas debajo de la almohada, y textos que escribía a mano entre los libros que leía. El me enseño que el amor se manifiesta de maneras inesperadas: en miradas, muñecos con brazos largos, aguacate y mango, tiempo para el desayuno, estrellas de mar o gatos. Y con su capacidad de crear, cultivo en mi la creatividad para volcar su dolor en un muñeco al que solo se le ve el corazón y que existe para abrazar. 

En las ferias, los niños que más le piden a su mamá que les compre un Abrazador son niños hombres. Muchas veces las mamás no entienden y yo me siento exitosa porque ese niño hombre va a manifestar con tranquilidad su fuerza femenina. 

Feliz día del padre a mi papá y a todos los papás que como el mío, les cuesta abrazar. 

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