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Serotonina, endorfina, oxitocina y dopamina

Las famosas hormonas de la alegría: serotonina, endorfina, oxitocina y dopamina son las responsables de ese impulso que te mueve a repetir algo que te gusta, de sentir menos dolor con una llamada o una visita, de sentir que perteneces a un lugar o un grupo o que de algo tan sencillo y complejo: que sientas placer. 

Tan simple como eso. Tan natural y a la vez tan difícil de sentirlo cuando le sumamos la percepción, el sentimiento, las historias que nos han hecho sentir decepcionados y con el corazón roto. No hay más sentimiento de plenitud y de desgracia que ese pequeño y sublime sentimiento de sentirnos amados, de tener amigos o de vivir en soledad. Todo lo relacionado con la alegría y lo opuesto a ella lo detonan estas 4 sustancias: Serotonina,, endorfina, oxitocina y dopamina.

Como lo hace la naturaleza

Como cualquier sustancia que produce la naturaleza: es posible cultivarla o erradicarla, todo depende del comportamiento que tengas y de las acciones que hacen que puedan hacer que florezca en ti. La alegría se cultiva o ejercita la alegría tomando el sol, teniendo objetos que ayuden a recordar momentos felices, con algunos alimentos como el ají o el chocolate. Con el baile, el ejercicio físico, la risa o como no, con la fuerza de un abrazo. Y se erradica de la misma manera pero en sentido contrario. A través del aislamiento, la falta de contacto social, la oscuridad, la falta de sueño, el exceso de azúcar y de productos procesados que afectan el procesamiento de sustancias en el hígado. 

Como todo en la naturaleza, no toda la luz es beneficiosa… La alegría se vuelve perjudicial cuando nos olvidamos de compartirla o no ponemos límites en eso que nos genera placer. El exceso de estas sustancias puede generar los mismos efectos nocivos para el cerebro o el comportamiento como la rabia o el miedo, solo que no somos tan conscientes de ello. 

Adicciones, egoísmo, aislamiento social, soledad, superficialidad. La alegría es tan nociva como cualquier sustancia que consumimos o producimos. Así como es necesario cultivarla, es necesario aprenderla a usar para que sea potencia, motivación, energía e impulso vital para uno mismo y los que están alrededor. 

Ahí está la manera más sencilla y útil de cultivarla y a su vez, aplicarla en los pequeños actos cotidianos que alimentan la alegría: tu disposición mental, lo que comes, la relación que tienes con los otros y lo que ella puede alimentarte. 

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