Autonomía corporal

Mi cuerpo me pertenece

Con frecuencia, las creencias religiosas, las tradiciones conservadoras y las opiniones de la pareja, familiares y amigos inciden en nuestra autonomía corporal. En cómo nos sentimos respecto a las decisiones que tomamos las mujeres, particularmente, sobre nuestros cuerpos y nuestro estilo de vida. Decisiones como: la ropa que nos gustaría usar, los lugares donde debemos estar, los amigos que queremos tener, la imagen que necesitamos transmitir, el trabajo que somos capaces de hacer. Y una lista incalculable de decisiones que debemos pensar de más, por las consecuencias (negativas) que sabemos, podrían traer.

Cada época y cultura condiciona expectativas sobre nuestro quehacer en la sociedad. Usualmente de las mujeres, se ha esperado que cumplamos el rol de madres o de cuidadoras. Y en el peso que conlleva la realización de esos roles, terminamos pasando por encima de nuestros sueños y deseos más profundos para encajar en una sociedad a veces incluso pasando por encima de nosotras mismas.

Nos hemos acostumbrado a dar explicaciones a los otros, a recibir menos de lo que damos. A ver nuestro cuerpo como un campo de batalla, a estar en una posición minimizada o cosificada.

Y aunque en los últimos años hemos estado hablando de ello, las mujeres seguimos en una constante búsqueda por la igualdad en todos los ámbitos, educativo, sexual, salarial, profesional y por supuesto, corporal. De eso se trata el feminismo, de igualdad, equidad y posibilidad de decisión.

No hay igualdad si las mujeres no tenemos autonomía corporal. Esa sigue siendo la batalla, decidir sobre nuestro cuerpo para poder construir el proyecto de vida que queremos.

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